Apenas la semana pasada, mientras rodaba por la Avenida Insurgentes, me detuve un momento para observar lo que ocurre cuando no se les permite a los automovilistas circular en sentido contrario por el carril del metrobus.

Me sentí fuera de lugar al observar la escena desde mi bicicleta. En eso se posó una mano sobre mi hombro y me hizo voltear una mirada.
---Hola Nepomuseno---, me dijo con alegría un hombre de avanzada edad. Su arrugada cara era adornada por una barba blanca rasurada a manera de candado. De esta persona nunca me podré olvidar. Era Vladimir Ulianov.
En esta caótica Ciudad, Vladimir pertenece a un grupo de gente que cree que debe reducir el impacto del automotor en el ambiente. Eso no quiere decir que está en contra de poseer una camioneta. Está consciente de que el pago de la tenencia y los derechos de verificación son aspectos importantes en la recaudación de impuestos que le permiten al gobierno mantener el pavimento de las calles en un estado impecable. Pero siempre deja sus camionetas estacionadas y rueda para todos lados en su bicicleta. Llegado el fin de semana, descansa de tanto rodar. Y ese día que nos encontramos en la calle me invitó a que lo acompañara a su descanso.
---Te invito el sábado a rodar en una carretera perfecta. Recorre una ruta escénica con los paisajes más hermosos que puedas imaginar. Y no hay coches.
---Eso no existe.
---Claro que existe. Pero está oculto detrás de un pueblo donde linchan a los rateros. La carretera sólo la utilizan unos cuantos hombres a caballo y uno que otro taxi local.
Es una delicia circular por una carretera sin coches, pensé. Vladimir asintió con la cabeza.
Subimos las bicicletas en la caja de su troca, una Studbaker '63, y salimos a carretera. Llegamos al pueblo donde los hombres usan huaraches y prefieren morir de pie que vivir de rodillas. Allí comenzó la rodada.

Seguí a mi amigo por la carretera. Pero poco a poco se fue despegando y adelantándose.

A la mitad del ascenso tuve que detenerme a descansar y contemplar el escenario que dejaba atrás.

Continuando el camino arribamos al pueblo donde tres tipos de transporte dominan. Las trocas, las bicicletas y los caballos son las favoritas.

Y la imagen más hermosa al descenso por el "Paso del Norte".
